Marzo tiñe de violeta muchos espacios de trabajo. Pero el 8 de marzo no es solo una fecha simbólica. Es una invitación concreta a revisar nuestras prácticas organizacionales y preguntarnos si realmente estamos construyendo entornos laborales seguros, respetuosos y equitativos.
Hablar de violencia laboral no es un gesto ideológico. Es una decisión estratégica.
Lo que no se nombra, no se transforma. Y cuando las organizaciones evitan estas conversaciones, los efectos no desaparecen: se profundizan en silencio.
Una realidad que impacta en el mundo del trabajo
Según la Organización Internacional del Trabajo, la violencia y el acoso en el ámbito laboral han aumentado en los últimos años, tanto en frecuencia como en intensidad, convirtiéndose en un desafío global para empresas y gobiernos.
Diversos estudios internacionales indican que las mujeres enfrentan una mayor exposición a situaciones de violencia basada en género en el trabajo. A esto se suman prácticas más sutiles pero igualmente dañinas que afectan la experiencia diaria y el desarrollo profesional.
La Harvard Business Review señala que una proporción significativa de mujeres declara experimentar microagresiones en su entorno laboral. Estas dinámicas, muchas veces naturalizadas, frenan el talento y deterioran la cultura organizacional.
Algunas de las más frecuentes son:
- Mansplaining: explicaciones condescendientes que cuestionan la capacidad profesional.
- Apropiación de ideas: cuando el aporte de una mujer es invisibilizado o atribuido a otro colega.
- “Office housework”: tareas administrativas o sociales no reconocidas que recaen sistemáticamente sobre determinadas personas.
No se trata de conflictos aislados. Se trata de patrones culturales que impactan en la confianza, la motivación y la permanencia del talento en las organizaciones.
No hay liderazgo posible sin entornos seguros
No podemos hablar de desarrollo profesional, innovación o competitividad si las personas no se sienten seguras en su lugar de trabajo. La seguridad psicológica y la dignidad no son beneficios accesorios: son condiciones básicas para que el talento florezca.
Además, la violencia no afecta a todas las personas de la misma manera. Las experiencias se entrecruzan con factores como origen étnico, nacionalidad, orientación sexual o situación migratoria, lo que exige una mirada más amplia e inclusiva por parte de las empresas.
En América Latina, distintos relevamientos muestran que una proporción significativa de personas de la diversidad sexual ha experimentado situaciones de acoso o violencia en el trabajo durante el último año. Estos datos interpelan directamente a la gestión organizacional.
8 de Marzo: Es una oportunidad para que las empresas revisen su cultura organizacional
Un marco internacional que compromete a las empresas
En 2019, la Organización Internacional del Trabajo aprobó el Convenio 190, el primer tratado internacional que reconoce el derecho a un mundo del trabajo libre de violencia y acoso.
El Convenio 190 de la OIT establece que estas situaciones son incompatibles con empresas sostenibles y afectan directamente la productividad, la reputación y la estabilidad de los equipos.
Más allá de su ratificación en cada país, el mensaje es claro: la prevención y la acción no son solo una obligación legal. Son una decisión de liderazgo.
¿Qué pueden hacer hoy las organizaciones?
La transformación cultural no ocurre con una acción aislada cada 8 de marzo. Se construye de manera sostenida.
Algunas claves concretas:
- Protocolos vivos.
Contar con canales de denuncia claros, confidenciales y accesibles. Pero, sobre todo, acompañarlos con formación periódica y seguimiento real. - Visibilizar lo invisible.
Revisar prácticas naturalizadas, sesgos y dinámicas cotidianas que afectan la equidad y el respeto en los equipos. - Compromiso transversal.
La construcción de entornos libres de violencia no es tarea exclusiva de un área. Requiere involucramiento de líderes, equipos de gestión y colaboradores en todos los niveles.
Una conversación necesaria
El 8 de marzo no es solo una fecha de reconocimiento. Es una oportunidad para que las empresas revisen su cultura organizacional y se pregunten:
¿Estamos garantizando espacios de trabajo donde todas las personas puedan desarrollarse con seguridad y respeto?
La dignidad y la tolerancia cero frente a la violencia deben estar en el centro del mundo del trabajo.
Porque la igualdad no ocurre por inercia. Se diseña.
Y las organizaciones que la diseñan fortalecen su cultura, su reputación y su capacidad de atraer y fidelizar talento.
En Buscojobs creemos que la empleabilidad se fortalece cuando existen entornos laborales seguros, diversos e inclusivos. Solo así el talento puede encontrarse con oportunidades reales de crecimiento y desarrollo profesional.
Artículo elaborado a partir de la colaboración de María José Scaniello Negris, consultora en transformación cultural y desarrollo organizacional.